En el corazón de cada oficina de farmacia late un doble impulso: el rigor de la ciencia sanitaria y la complejidad de la gestión empresarial. Durante décadas, la experiencia y la intuición del farmacéutico han sido las herramientas principales para navegar este equilibrio. Hoy, una nueva fuerza está comenzando a operar discretamente en la rebotica, una revolución silenciosa que promete transformar la eficiencia, la rentabilidad y, lo más importante, la capacidad asistencial de la farmacia: la Inteligencia Artificial (IA). (1)