Opinión del experto

Blanca Llácer

Blanca Llácer es titular de farmacia y Vocal de Dermofarmacia en el COF Alicante.

El papel del farmacéutico en el cuidado de la piel del bebé

La farmacéutica Blanca Llácer es Vocal de Dermofarmacia en el COF Alicante. En su artículo, destaca las características de la piel del bebé y la importancia del consejo desde la farmacia para un cuidado adecuado.

El papel del farmacéutico en el cuidado de la piel del bebé
Mar, 09/03/2021
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Cuando el bebé nace, muchos de sus órganos están todavía inmaduros y madurarán durante los meses posteriores al nacimiento. Uno de estos órganos es la piel y su cuidado diario es muy importante, ya que influirá en el desarrollo y maduración de su epidermis en los primeros años de vida; esto marcará el estado y la salud de su piel en la edad adulta. Estudios recientes demuestran que una correcta hidratación y emoliencia durante las primeras semanas de vida marcan el desarrollo de la barrera cutánea y, por lo tanto, previenen determinadas patologías, como la dermatitis atópica. Por esta razón, el cuidado e higiene de la piel durante esta etapa de la vida es de extrema importancia y los farmacéuticos comunitarios tenemos una gran labor por hacer en cuanto a educación sanitaria se refiere.

 

Características diferenciales de la piel del bebé

La piel del bebé se diferencia en gran medida de la del adulto: es cinco veces más fina, su grado de queratinización es menor y, por lo tanto, es mucho más permeable; y la función barrera está disminuida, por lo que es mucho más vulnerable a factores externos. La superficie de la piel en los bebés en relación a su peso corporal es tres veces mayor que en los adultos y, por lo tanto, el riesgo de permeabilidad de agentes externos y tóxicos también aumenta mucho por esta razón. A su vez, hay una mayor pérdida de agua transepidérmica hacia el exterior.

Durante las primeras semanas, la producción de sebo es similar a la del adulto debido al trasvase hormonal madre-hijo. A partir del tercer mes de vida, la piel tenderá a secarse por disminución de la producción de sebo hasta el momento de la pubertad, en el cual las hormonas sexuales empiezan a manifestarse a nivel cutáneo.

En cuanto a las glándulas sudoríparas, aunque están presentes desde el momento de nacimiento, no llegan a funcionar como las de un adulto. Se considera que, hasta los 2 años, los bebés no tienen un correcto control ni sobre la temperatura de su cuerpo ni sobre la sudoración, y por esta razón es realmente importante no someterlos a temperaturas muy elevadas.

En cuanto a la pigmentación y melanogénesis como mecanismo de defensa natural de nuestra piel frente a la radiación solar, todavía no están desarrolladas del todo, y por esta razón debemos evitar totalmente la exposición solar en bebes, ya que es mucho más nociva que en un adulto. Además, debemos tener en cuenta que el sistema inmunitario y reparador todavía no está desarrollado, por lo que cualquier quemadura solar y alteración en el ADN celular será difícilmente recuperable.

A su vez, carece de microbiota cutánea y de manto ácido protector, lo cual hace que sean frecuentes sobreinfecciones de origen vírico, fúngico y bacteriano.

 

Características específicas de los productos destinados al cuidado del bebé

El consejo farmacéutico es esencial en la recomendación de productos destinados a estos ‘pequeños pacientes’ y debe asegurar en ellos unas características especiales, como es un bajo poder deslipidizante, baja detergencia, alta capacidad protectora y ausencia de capacidad alergénica o irritante, evitando el uso de perfumes y aceites esenciales.

La higiene se debe realizar con formulaciones exentas de jabón natural, como los denominados “syndets”, que contienen bases lavantes suaves y el pH adecuado, ligeramente ácido, que favorece el desarrollo de la microbiota y el manto ácido protector. Se aconsejan formulaciones con un elevado porcentaje de aceites vegetales que protegen frente a la perdida de humedad y mejoran la hidratación desde el momento de la limpieza. Suelen contener activos hidratantes, calmantes y antiinflamatorios, como pueden ser el extracto de caléndula, aloe vera, pantenol o extracto de avena.

La hidratación y emoliencia es fundamental y se debe realizar a diario y con la piel ligeramente humedecida. Así, aportaremos el agua perdida a través de una función barrera débil y reforzaremos, gracias a los lípidos y ceramidas de este tipo de formulaciones, el cemento intercorneocitario, disminuyendo la pérdida de agua transepidérmica y mejorando la hidratación cutánea. Se recomiendan formulas con aceites vegetales ozonizados, manteca de karité o prebióticos que favorezcan el desarrollo de la microbiota.

La fotoprotección solar es fundamental y, aunque la primera medida es la fotoevitación, aconsejamos el uso de fotoprotectores formulados con un 100% de filtros físicos o minerales, que disminuyen la probabilidad de sufrir reacciones alérgicas o de sensibilidad cutánea.

Es deber del farmacéutico formarse en este sentido para poder dar el mejor y más completo consejo farmacéutico a los padres, asegurando una buena salud cutánea del bebé y previniendo, de esta forma, alteraciones dermatológicas que podrían mermar su calidad de vida y la de su entorno familiar.

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Descubre más:

Infografía: El cuidado de la piel del bebé en la farmacia 

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