Opinión del experto

Rosario Cáceres

Rosario Cáceres es farmacéutica y vocal de grupos de trabajo en la Asociación Española de Vacunología (AEV).

La farmacia y la vacunación antigripal en tiempos de pandemia

La farmacéutica Rosario Cáceres es vocal de grupos de trabajo en la Asociación Española de Vacunología (AEV). En su artículo, nos habla sobre la importancia de la cobertura de la campaña de vacunación antigripal de este año.

Jue, 08/10/2020
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Pronto comenzará la campaña de vacunación antigripal, y alcanzar los objetivos en cuanto a coberturas este año es crucial.

Crucial porque, ahora más que nunca, debemos minimizar los ingresos y complicaciones por gripe. Porque la vuelta a los colegios trae siempre unos picos de contagios de esta enfermedad que este año no nos podemos permitir, igual que no nos podemos permitir bajas de profesionales sanitarios ni transmisión de estos a los pacientes a los que tratan. Porque, disminuyendo los casos, minimizamos las confusiones en los diagnósticos diferenciales con coronavirus. Porque hemos de descongestionar el sistema sanitario en la medida de lo posible en aras de poder soportar lo que ya se nos está viniendo encima. Porque Salud Pública ha hecho una compra sin precedentes de vacunas antigripales y es menester que esas vacunas no se queden en las neveras, sino que saquemos provecho de la inversión y protejamos a las personas susceptibles convenientemente.

Por ellos, como profesionales sanitarios, debemos ser garantes de que se cumplan estos objetivos colaborando con todo lo que esté en nuestra mano para llegar a alcanzarlos. Para conseguirlo, nos serviremos de nuestros valores intrínsecos como farmacéuticos comunitarios: la cercanía física y emocional al paciente, la accesibilidad (más presente que nunca durante la pandemia), la confianza y la humanidad que nos caracteriza.

Debemos identificar pacientes y derivarlos a los centros de salud, eliminar bulos, tranquilizar a la población con nuestro consejo respaldado por la evidencia científica, informar, ayudar a pedir cita, hablar con nuestros colegas médicos y enfermeras si es necesario y, en fin, asesorar y acompañar a la población en sus experiencias farmacoterapéuticas como solemos hacer y como expertos que somos. En este caso, respecto a un medicamento concreto: las vacunas antigripales.

Para llegar a los objetivos propuestos (75% en mayores y sanitarios y 60% en embarazadas y personas con condiciones de riesgo), es clave facilitar el acceso de la población a la vacuna. Sin embargo, nos encontramos con los siguientes escollos:

Por una parte, la distribución de vacunas antigripales al canal farmacia se prevé minoritaria, lo cual lleva asociado a su vez dos problemas: el primero es que a los mutualistas a los que les corresponde la vacunación se les cierra la vía de acceso a la que estaban acostumbrados, que no era más que acudir a su farmacia habitual a recoger la vacuna prescrita para posteriormente administrársela en su clínica; y el segundo es que se dificulta enormemente el acceso a la vacuna para aquellos pacientes que, aunque no estén dentro de los criterios de financiación, quieran protegerse de forma privada.

Y, por otro lado, tenemos el más que evidente colapso del sistema sanitario, aún recién entrado el otoño y con los casos de coronavirus en ascenso. En este escenario se antoja complicado el desarrollo de una campaña de vacunación antigripal con el añadido del interés en vacunarse que, además, manifiesta ahora la población.

En relación con esto, por parte de las autoridades sanitarias, surgen propuestas en torno a la idea de que enfermería salga de los centros de salud a vacunar en otras ubicaciones. Y, dentro de este concepto, ¿qué mejor sitio que las farmacias? Establecimientos sanitarios con acceso al historial farmacológico y, por lo tanto, capaces de identificar y derivar pacientes hipertensos, cardiópatas, diabéticos o con EPOC y, por supuesto, embarazadas y mayores de 65. Espacios de salud con sistemas de refrigeración y acceso a las redes si fueran necesarios, situados en aldeas y zonas donde no existe, a veces, ni siquiera un ambulatorio. Con profesionales que han demostrado durante la pandemia, cuando todo estaba cerrado, su disposición de acercar medicamentos hospitalarios a los pacientes, comunicarse con los médicos para las renovaciones de tratamientos, llevar la medicación a domicilio o velar por que a los pacientes con lupus o artritis reumatoide no les faltase su medicación.

Si el sistema está saturado, contar con la farmacia comunitaria para mejorar el acceso a la vacunación antigripal puede ser un camino fácil y seguro para llegar a alcanzar esas necesarias coberturas.

Puedes seguir a Rosario Cáceres en Twitter.

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