Opinión del experto

Carlos Alonso

Carlos Alonso

Carlos Alonso es farmacéutico asistencial en Villajoyosa, localidad de Alicante. Es presidente de FarmaCiencia y miembro fundador de la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia.

La evidencia en tiempos de pandemia

El farmacéutico Carlos Alonso es presidente de FarmaCiencia. En su artículo, expone su punto de vista sobre la importancia de la evidencia científica y el papel que debería tener en el método científico.

La evidencia en tiempos de pandemia
Mié, 24/06/2020
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Evidencia: “Certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar”

En estos tiempos, en los que las noticias prácticamente se empujan unas a otras, los datos de unos estudios se rebaten casi al día siguiente con otros nuevos. Donde el ensayo y error ha sustituido al método científico, es muy difícil, por no decir imposible, hablar de evidencia.

En esta pandemia, hemos visto cómo han aparecido o reaparecido remedios “milagrosos” como el MMS, calificado como ilegal desde el año 2010 por la AEMPS. También, aunque menos peligrosos, brotan informaciones que certifican a la vitamina C como protectora frente al coronavirus. Pero no sólo son los cítricos, alimentos como el kéfir, el ajo y la cebolla, algunas plantas medicinales… se promocionan también como eficaces para incrementar la potencia de nuestro sistema inmunológico para “luchar” contra el virus.

Ante el desconocimiento, cualquier rayo de luz o esperanza ante un tratamiento es seguido por muchos. Esto que ocasiona demandas injustificadas de medicamentos que, simplemente, han sido ensayados sin importar el resultado. Ha ocurrido con la azitromicina, la hidroxicloroquina, la ivermectina y, más recientemente, el remdesivir, y no será el último. Si, normalmente, se necesitan muchos años para aprobar cualquier medicamento, ahora algunas agencias los aprueban con estudios de semanas. La necesidad de algo que funcione, algo que ofrecer a los enfermos, aunque sea mínimamente, precipita las decisiones sanitarias.

Me viene a la mente la frase de Groucho Marx: “estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”.

Pero no sólo existe la necesidad de acortar los plazos y las exigencias científicas y de resultados en los tratamientos: durante estos meses hemos visto autorizaciones “express” para que empresas fabriquen soluciones hidroalcohólicas. Estudios de idoneidad de tejidos para las mascarillas que duraban semanas o meses, ahora se hacen en días.

También se han tenido que relajar las normativas de calidad y de importación de muchos productos sanitarios como guantes o mascarillas… como si se tratara de cosas sin importancia: si no superan el nivel mínimo de calidad, no pasa nada, lo bajamos.

La falta de información, o la información sesgada de la propia enfermedad, ha hecho que también se hayan puesto en evidencia los propios científicos. Los mensajes han sido muchos, contradictorios y confusos, empezando por el de la propia transmisión del virus, su capacidad de contagio, desde el confinamiento, pero con excepciones, el uso de mascarillas en función del stock, el uso de guantes, los desinfectantes… Esta pandemia nos ha superado a todos.

Si el método científico ha permitido un desarrollo sin precedentes ha sido por los estrictos protocolos de investigación y revisión de los resultados. Ello ha conseguido obtener unos niveles de evidencia difíciles de superar. Si se suavizan las exigencias, se acortan los plazos, se reduce el número de pruebas y ensayos, se limitan los pacientes estudiados, se minimizan los controles de las revisiones y se permiten los conflictos de intereses, la evidencia científica desaparecerá.

Es cierto que necesitamos tratamientos para el COVID 19, pero éstos deben ser no sólo efectivos, sino también seguros (y a ser posible baratos). No debemos acortar los plazos en ensayos en aras de la seguridad, ya que al final será tiempo perdido.

Puede ocurrir lo mismo con una posible vacuna, es preferible que cuando llegue lo haga con todas las garantías.

Mientras esto ocurra, hay que seguir tratando a los enfermos con las herramientas disponibles y superar los efectos tanto económicos como sanitarios y sociales que está dejando este virus.

A ver si aprendemos de nuestros errores.

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